Me basta con sentir su respirar cerca de mi piel, como si el aire que suelta fuera el oxígeno que me alimenta. Ver las yemas de sus dedos dispuestas a rozar mi cuerpo y sentir un escalofrío que recorre toda mi espalda. El simple hecho de observar cada detalle de su rostro, de su cuerpo, sus gestos. Cosas tan simples que llenan tanto.






